¿Por qué bautizar a los infantes?

El verso lema anglicano para niños tendría que ser: “Dejen que los niños vengan a mí y no los obstaculicen, porque a tales pertenece el reino de los cielos”.

Comenzando muy temprano en la vida de la Iglesia cristiana, los niños cristianos fueron vistos como miembros de la comunidad de fe del pacto. Así como Israel llevó a sus hijos a la señal del Pacto, la circuncisión, llevamos a nuestros hijos a la señal del Nuevo Pacto, llamado bautismo (véase Colosenses 2:11-13).

Por lo tanto, tratamos a nuestros hijos como Cristianos, enseñándoles desde el principio cómo vivir como miembros del Cuerpo de Cristo, y no negándoles la gracia que necesitan a través de Cristo para crecer en esa fe. En otras palabras, creemos que estamos “dejándolos venir a Jesús” como él lo mandó.

San Pedro, predicando el evangelio a la gente, dice:

—Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. En efecto, la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los extranjeros, es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar. (Hechos 2:38-39, NVI)

Durante la Reforma, todos los reformadores principales retuvieron el bautismo infantil, un hecho que sorprende a muchos protestantes estadounidenses en la actualidad.

Lutero lo miró de esta manera:

Dado que nuestro bautismo ha sido así desde el principio del cristianismo y la costumbre ha sido bautizar a los niños, y dado que nadie puede demostrar con buenas razones que no tienen fe, no debemos hacer cambios y basarnos en argumentos tan débiles. Porque si vamos a cambiar o eliminar las costumbres que son tradicionales, es necesario probar convincentemente que éstas son contrarias a la Palabra de Dios. (“Relativo al rebautismo”, pág. 353).

Calvino siguió a Agustín al ver el paedobaptismo como un reconocimiento del pecado original y la gracia absoluta. El bebé indefenso nos recuerda que todos somos como bebés en la presencia de Dios.

La Iglesia no dividida y los reformadores creían que los infantes indefensos eran candidatos apropiados para el bautismo. La tradición no suele alinearse a lo largo de esas líneas. Casi todo el mundo ha creído que los hijos de padres cristianos deben ser bautizados. La Biblia parece ordenarlo, ya que Pedro dijo que el bautismo era “para sus hijos”. Jesús nos advirtió que no le alejáramos a los niños. ¡Veo un patrón aquí!

Pero ¿qué pasa con la salvación de los infantes?

En lugar de imaginar su venida a Cristo como un evento de una sola vez, creemos que debemos llevarlos continuamente a Jesús de muchas maneras diferentes y en muchos momentos diferentes cada día.

Lo estamos haciendo a través de los Sacramentos, el Espíritu y las Escrituras. Confiamos en que Jesús obrará en sus corazones y los alentamos a crecer en su fe en él.

¿Tendrán experiencias dramáticas y personales de Cristo? Tal vez no dramáticas (¡aunque eso también es bueno!) Pero siempre estamos buscando las señales del Espíritu y haciendo lo que podamos para avivar las llamas del amor.


Greg Goebel es el fundador del sitio “Anglican Pastor.” El es un pastor Anglicano dentro de la Iglesia Anglicana de Norteamérica. Sirvió en una iglesia evangélica sin denominación antes de ser llamado a server dentro de la Iglesia Anglicana en 2003. Ha servido como pastor asociado, administrador parroquial y rector (pastor principal). Sirve actualmente como el canónigo del Obispo para la Diócesis Anglicana del Sur (Anglican Diocese of the South).

Traducido por: Matias Flores, miembro del equipo de Comunicaciones de Caminemos Juntos.